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Hemos hecho amanecer.

Hemos hecho amanecer. P olvo tras polvo, follando contra la ventana. La luna envidiosa de ti, ha decidido dejar al sol salir antes de hora. Y me he corrido, con los primeros rayos de luz iluminando aún más tu pelo.  Con mis ojos entornados y los tuyos bien abiertos, haciéndome ver el mar en ellos. Eres playa.  Y yo,  seré arena que pisas. A.  

Y si...

A veces pienso que la forma más bonita de querer es la de los niños. Tan verdadera. Como ese primer amor de la niñez, que suena a magia, sabe dulce y tiene el color de un atardecer en verano. Ese amor inocente que no se olvida y que cuando aparece por tu mente, te hace imaginar.  Y si... A.

Tu paracaídas.

Déjame matar tus monstruos, fulminar tus pesadillas. Permíteme acabar con tus dudas y dar sentido a tus porqués. Yo seré paracaídas, seré equipo de emergencia, tu botiquín, la tirita para tus heridas. Quiero ser quien te salve de la rutina, quien te haga volar en parapente sin salirte de la cama. El mejor sabor que pruebe tu boca. Seré el whisky con hielo del viernes por la noche y el paracetamol del sábado por la mañana. Tu abrigo en invierno a un grado bajo cero. Las olas del mar en pleno agosto. Seré la pizza de los domingos y los besos de después. Seré tu risa, seré caricia. Seré mía, seré tuya y seremos siempre nuestros. A.

Sólo una.

Hay personas que son un abrazo eterno. Un chocolate caliente, en diciembre, un domingo por la mañana. Un beso de despedida antes de ir a trabajar. Una caricia en la cama después de hacer el amor. El final de tu libro favorito, o el principio. Hay personas que son sonrisas y magia, como la que provocan al mirarte. Hay tantas personas. Y de todas, sólo una. A.

Sin ni siquiera tocarte.

Me sé de memoria el número de pestañas que tienes en cada ojo y como se para el mundo cuando parpadeas, tengo un mapa geográfico aprendido en mi cabeza con todos los lunares de tu cuerpo y podría dibujar las líneas de tus manos con sólo cerrar los ojos. Y esto, sin ni siquiera tocarte. A .

La chica del viento.

Ella es la chica de las ilusiones de papel, que cuando llora se desvanece como las hojas de una libreta de poemas rota. La chica del viento, esa que llega con cada bocanada de aire, te mueve el alma y de un soplido vuelve a desaparecer.  La chica que te encuentras en el metro y siempre se baja en la siguiente estación, que nunca es la tuya. Y en el vagón sólo queda el olor a jazmín de su pelo. La chica que se sienta enfrente en la biblioteca y devora libros con cara de concentración. La chica que parece que baila al caminar.  Ella es la chica que te mira, te para el mundo y cuando se va, sólo deja su recuerdo.  A.